#Sigue la historia: El Mercenario

#Siguelahistoria es un relato fragmentado publicado en mi Twitter @ElenaC_Pera. ¿Te lo perdiste? Ahora puedes disfrutar del relato completo aquí 😉


El Mercenario

Hacía años que mis pasos no me conducían tan lejos. No me importó que la noche me cegase. Por fin me sentía libre para ser capaz de continuar mi camino tras haber malgastado más tiempo del necesario en aquel fuerte, acabando ebrio cada noche.

Yo no era más que un mercader cuando llegué a la ciudadela, donde se preparaba para el combate la avanzadilla del Duque, dispuesta para neutralizar razas enteras, garantizando una vida de riqueza a los mercenarios que luchasen en la guerra. Por todos era sabido en aquella ciudadela el odio que el Duque Igteón profesaba a toda criatura mágica o diferente a él, por eso, cuando llegó a la plaza del mercado con su escolta nadie se extrañó de que buscase mercenarios para su guerra.

No sé por qué lo hice, pero lo hice. Abandoné mis mercancías y caminé con paso firme hasta él, deseando escapar de todo cuanto conocía.

Los siguientes meses pusieron a prueba mi fortaleza y determinación en la batalla. Me sentí más fuerte, más capaz que nunca. Casi invencible. Tras el entrenamiento, el Duque nos guió a la batalla. Bestias impensables, seres infames, todos cayeron a sangre y espada. Cada nueva victoria acercaba más al Duque a su objetivo; liberar sus tierras de seres antiguos, nacidos con la magia. Y a nosotros nos enriquecía y engloriaba. Pasábamos las noches en las tabernas, dejándonos alabar como si fuésemos héroes.

Hasta que todo cambió.

Esa mañana aún me dolía la cabeza debido a los excesos. Avanzamos en silencio por el bosque oscuro. El terreno empantanado entorpecía nuestro avance, pero nada podía detenernos. El Duque quería la cabeza del Druida. Y por los dioses que la tendría.

Pasamos horas rastreando las difusas huellas y tras varias horas hayamos la vieja casa. El sol ya se ocultaba cuando nos acercamos con sigilo a la choza de madera vencida por la vegetación, y tiramos la puerta. El interior sombrío del hogar, únicamente iluminado por un humilde fuego en la chimenea, nos mostró a nuestra presa.

Al ver su grácil cuerpo sentí que la espada en mi mano vacilaba. Era una mujer, esbelta y bella, y su mirada lucía pureza. La rodeamos con las armas en alto mientras el Duque sonreía con satisfacción. Sentí el miedo en el rostro de la joven. Había algo en sus ojos, algo puro y hermoso. Una extraña sensación inundó mi cuerpo al comprender que no podría matarla.

Sin embargo, mis camaradas parecían imperturbables, dispuestos a cumplir la orden del Duque, cuya mirada había enloquecido. Sus espadas segaron la carne, la sangre impregnó las paredes, el aire se vició. Y su grácil cuerpo cayó sin vida al suelo.

Tras esto abandoné al Duque y comencé mi andanza, solo, incapaz de aceptar que había ayudado a destruir algo tan hermoso. Caminé hasta que perdí la noción del tiempo y el olvido me engulló. Un justo destino por mi atrocidad.

FIN


Si te ha gustado #Siguelahistoria, no te pierdas las nuevas historias que están por llegar. Cada día un nuevo Twit 🙂

@ElenaC_Pera

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Acerca de Hellen Cauldron

Escritora y diseñadora gráfica, me encantan las novelas de fantasía, la música y la pintura
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