Tu camino

La lluvia cae de nuevo dando fin a la tranquilidad de los días soleados que parecían nunca terminar. Los pequeños destellos plateados impactan con fuerza sobre la tierra marchita y seca, reviviéndola del silencioso letargo para que el ciclo se complete.

Desde que te has marchado el silencio se ha quedado conmigo. Tu silencio. Aquel del que temí que jamás despertases, aquel que te ha acompañado en el último viaje, ahora camina junto a mí, recordándome lo que debió ser y no pudo.

Aún te veo. Cuando menos lo espero, en los lugares más recónditos, con las palabras inesperadas, ahí estás de nuevo. Y sonríes. Siempre sonríes. Conservas la mirada clara y feliz de antaño, y al verla recuerdo tantas cosas que deseo  que estés conmigo otra vez, como siempre estuviste, como creí que siempre estarías.

La soledad me oprime el pecho y consume mi alegría lentamente, como la llama que derrite una vela. Eterna compañera que me ha enseñado una nueva manera de sufrir y vivir, una dura lección que en mi ignorancia creí que jamás tendría que aprender. Y a pesar de todo, sigo caminando.

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El sendero es duro, hermoso y despiadado. Me obliga a continuar como si nada hubiera pasado, susurrando a mi oído promesas de futuras alegrías. Atisbos de esperanza se proyectan en el horizonte esperando ser alcanzados, y de nuevo reanudo la marcha, convenciéndome de que eso es lo que quiero. Pero cuando miro a mi alrededor no te veo, y recuerdo que tú ya no caminarás más a mi lado.

Perdóname si entristezco, si tu marcha se me antoja dolorosa y paso el día pensando en ti, en nosotros. Perdóname si no siempre te comprendí, si alguna vez te discutí, yo te perdono a ti. Perdóname si te hice mal, por todas las veces que sufriste sin necesidad, por todo. Porque a pesar de todo ello, no había nada que desease más que estar contigo, acompañarte y velar por ti, cuando lo que pudo ser nunca fue.

 A pesar de la distancia que ahora nos separa, albergo la esperanza de volver a verte, y que cuando nos reunamos todo sea alegría y gozo, quiero volver a verte sonreír, a sentir tu presencia, a escuchar tu voz, tan clara en mi recuerdo. Jamás olvides el amor que te profeso, jamás olvides lo mucho que te añoro, ni lo feliz que me haces. Yo jamás olvidaré.


Ahora vas a hacer un viaje, un viaje que te llevará lejos, a un lugar en el que solo encontrarás paz. Que nada nuble tu visión, que nada se interponga en tu camino. No debes sentir miedo de marcharte, grandes cosas te esperan allí delante. No estás solo, nunca lo estarás. Yo estoy a tu lado, y te querré por siempre. No sientas pena, tu camino ha terminado aquí, pero continúa en otra dirección. Todo está bien. Todo estará bien. Te quiero.

23/12/2016


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Acerca de Hellen Cauldron

Escritora y diseñadora gráfica, me encantan las novelas de fantasía, la música y la pintura
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