Tuareg

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El sol se ocultaba tras las montañas de arena rojiza. El cielo estrellado se abría camino abarcando toda la cúpula celeste. Allí, entre las dunas del desierto, una niña observaba el fulgor de los lejanos astros y soñaba despierta con el majestuoso palacio del Sultán y las suaves sedas con las que vestían cuantos gozaban de aquel rico hogar. Un lugar de ensueño, repleto de sirvientes y doncellas que servían día y noche al rey y su numerosa familia. Los más exquisitos manjares de la tierra estaban reservados para su deleite, incluso de los parajes más extraños y alejados del Califato.

La imaginación de la niña a penas podía abarcar la riqueza que envolvía aquel mundo desconocido y lujoso, un mundo  que siempre había quedado tan lejos de su alcance. Pero, pensó, el mismo cielo debía cubrir aquellos palacios, el mismo resplandor de las mismas estrellas debía iluminar sus noches.

A su lado se sentó un niño, envuelto en telas viejas y oscuras, con los ojos pintados con tiza negra observaba el cielo junto a ella. Ninguno de los dos rompió el silencio con palabras, pero ambos sintieron la despedida callada de sus labios.

El tiempo fluyó aquella noche, silencioso, escapándose de sus vidas como la arena que se filtraba entre sus dedos, imposible de ser retenida. En la inmensidad del cielo las estrellas comenzaban a desaparecer ante el fulgor rojizo que comenzaba a emerger entre las dunas.

La niña miró por última vez a su amigo y se levantó. Su familia aún no había despertado cuando llegó a la tienda elaborada en pieles de camello y cabra. Aguardó junto a la entrada, observando en la lejanía el lento avanzar de una caravana de camellos adornados con bridas que resplandecían con los rayos de sol como si de gemas se tratase.

El tercer día del tercer mes, tal y como el Sultán había dispuesto tras su primer e inesperado encuentro. Su encaprichamiento con la pequeña tuareg fue tal que colmó de alhajas y regalos a su familia durante semanas hasta que la pequeña accedió a ir con él a su palacio.

La niña dio un paso al frente, dispuesta a enfrentarse a su destino.

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Acerca de Hellen Cauldron

Escritora y diseñadora gráfica, me encantan las novelas de fantasía, la música y la pintura
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